Faltan pocas semanas para el 20 de agosto, fecha en que arranca una nueva edición de la Ruta de la Manzana. Pero mucho antes de que el primer vehículo tome camino, hay un trabajo silencioso que ya está en marcha en distintos puntos de la Sierra Tarahumara.
Comunidades que abren la puerta
Cada edición de la Ruta depende de la disposición de las familias y negocios locales que reciben al grupo a lo largo del recorrido: quienes preparan las comidas campestres, quienes ofrecen sus terrenos para el descanso, quienes coordinan la logística del camino.
Ese respaldo comunitario, sostenido durante catorce años, es lo que permite que el evento se siga realizando con la misma calidez de la primera edición.
Kits, rutas y últimos detalles
Mientras se arman los kits oficiales y se revisa una vez más el trazado del recorrido, el equipo también trabaja en algo igual de importante: recordar a cada participante las reglas que hacen posible una aventura segura para todos.
Ir siempre por delante del último vehículo de apoyo, usar casco en todo momento y cuidar el bosque por el que se pasa no son restricciones, son la forma en que el grupo se cuida a si mismo durante tres días en la sierra.
Antes de que arranque el primer motor, ya arranco lo más importante: una comunidad entera preparándose para recibir a otra.






